jueves, 25 de abril de 2013

GABRIEL DELANNE

1857 - 1926
(el espiritismo-científico)

G. D. discípulo de A. Kardec e íntimo amigo.

G. Delanne eliminó del Espiritismo las fórmulas dogmáticas y rígidas, apoyándolo en realidades experimentales estrictamente científicas. Examinó cuidadosamente los hechos espiritas en cada una de sus modalidades. Los
analizó y llegó a conclusiones racionales de acuerdo a su formación positivista. Sin embargo, sus obras fueron escritas en un lenguaje sencillo y comprensible para la mayoría. Buscó el término exacto y evitó la metáfora. Por eso en lugar de ser áridas y frías, despiertan un interés cada vez mayor por su estilo preciso y claro.

Sus propias palabras en su libro "El Alma es inmortal" son el reflejo del pensador espirita apoyado en bases de experimentación científica:
"Si nuestros trabajos tienen por resultado -dice- determinar a algunos espíritus independientes a formar nuestras filas, no habremos perdido nuestro tiempo. Más cualquiera que sea el resultado de nuestros esfuerzos, estamos seguros de que está pronto el tiempo en que la ciencia oficial, forzada en sus últimas trincheras se verá obligada a ocuparse del asunto
que fue objeto de nuestras investigaciones. Ese día el Espiritismo aparecerá como lo que realmente es: "LA CIENCIA DEL PORVENIR".

Algunos de sus libros que todo espirita debería leer:

EL FENÓMENO ESPIRITISTA
LA EVOLUCIÓN ANÍMICA
LA REENCARNACIÓN
EL ALMA ES INMORTAL

Albert B.B

lunes, 18 de febrero de 2013

CONCEPTO ESPÍRITA DE EDUCACIÓN

J. Herculano Pires                   
Encarada en una perspectiva espírita, la Educación nos presenta dos aspectos fundamentales: es el proceso de integración de las nuevas generaciones en la sociedad y en la cultura del tiempo, pero también es el proceso de desenvolvimiento de las potencialidades del ser en la existencia, con vistas a su destino trascendente. Cada ser trae consigo, para cada existencia, los resultados de su desenvolvimiento anterior, en existencias pasadas. Estos resultados se encuentran en estado latente en su inconsciente, pero desde los primeros años de vida comienzan a revelarse en sus tendencias y en el conjunto de las manifestaciones de su temperamento. Cabe a los padres y a los educadores observar estas señales y orientar su ajuste a las condiciones actuales, corrigiendo las deficiencias y las exageraciones en la medida de lo posible y al mismo tiempo propiciando nuevos desenvolvimientos en la actual existencia.

El niño encarna al ser con todas sus potencialidades morales y espirituales, pero su instrumento de manifestación, el cuerpo físico, no se presenta en condiciones inmediatas de manifestar en plenitud su estadio evolutivo. El ser está sujeto, inicialmente, a las condiciones biológicas de la especie. Sólo a través del desenvolvimiento orgánico el ser se definirá en sus características individuales y revelando su capacidad de ajuste social y cultural, como también sus posibilidades de auto-superación moral y espiritual.

Podremos así establecer el esquema de su evolución existencial según las fases generalmente admitidas en el plano pedagógico: el ser biológico se complementa en el ser social, éste en el ser moral y éste en el ser espiritual. Compete a la Educación auxiliarlo en ese desenvolvimiento progresivo y orientarlo hacia nuevas conquistas en futuras existencias. La Educación Espírita no puede restringirse a los fines inmediatos del proceso educativo, que caracteriza las formas pragmáticas de la Educación del pasado y del presente. Sus fines superiores consisten en el desenvolvimiento de toda la perfectibilidad posible del ser, como quería Kant.

El concepto espírita del hombre nos muestra al ser en la existencia con dos formas corporales y dos destinos inter-relacionados. El cuerpo físico es su instrumento de vivencia terrena, pero el cuerpo espiritual o periespíritu es el organismo etéreo del cual debería servirse en la  continuidad superexistencial de esta vivencia. Esta dualidad-relativa del hombre, de la cual trata Rhine, se manifiesta también en su estructura mental. De acuerdo con el descubrimiento de Frederich Myers, hoy más válida que en su tiempo, tendremos la mente supraliminal y la mente subliminal. La Psicología Profunda y la Parapsicología confirmaron las conclusiones de Myers en este sentido. No habrá más ninguna posibilidad de dudas al respecto.

Procuremos dejar este problema bien claro. En nuestra vida diaria verificamos que existe un límite definido para nuestra mente, que funciona en relación permanente con el exterior. Captamos las sensaciones del mundo por nuestros sentidos orgánicos — el tacto, la audición, la visión, el olfato, el gusto etc. — y con estos datos sensoriales elaboramos nuestra visión del mundo y establecemos nuestras relaciones con el medio físico y el medio social en que vivimos. La estructura mental que resulta de esta elaboración es lo que generalmente llamamos mente, formada por las categorías de la razón, hoy consideradas como formas dinámicas de la experiencia. Esta es la mente de relación, que establece la relación con el mundo y con los otros. Pero cuando dormimos y soñamos, o cuando nos distraemos, cuando huimos de la realidad en un instante de ausencia psíquica, o cuando actuamos impulsivamente, llevados por alguna emoción, notamos que hay en nosotros algo más que esta mente disciplinada. Percibimos, vemos, sentimos y actuamos fuera de los límites de la razón y por lo tanto de la mente.

La división hecha por Myers corresponde a las meditaciones del consciente e inconsciente del Psicoanálisis. Pero mucho antes que Freud y Myers ya Kardec colocaba el problema en El Libro de los Espíritus, al tratar de las manifestaciones anímicas en el campo de la mediumnidad y al investigar el fenómeno de la independencia del alma durante el sueño. Freud tenía apenas un año de edad cuando este libro fue publicado. Así, las teorías de Freud, Myers y todos los demás sólo hicieron confirmar la teoría espírita. Esta mente que se revela como algo más profundo que la mente de relación es la que podemos llamar mente de profundidad. Sus categorías son mucho más numerosas y más ricas que las de la mente de relación.

Podemos ahora comprender con más claridad la teoría de la mente supraliminal y de la mente subliminal formulada por Myers. Nuestra mente de relación reposa sobre una especie de suelo, debajo del cual se encuentra la mente de profundidad. Por esto Myers llamó mente de  relación de consciencia supraliminal y la mente de profundidad de consciencia subliminal. La primera está sobre el limial de la consciencia y la otra debajo de este limial. Cuando sentimos un impulso inconsciente o tenemos un presentimiento, hubo una invasión, según Myers, de la mente de relación por las corrientes psíquicas del pensamiento y emoción de la mente de profundidad. Hay una relación constante entre las dos formas mentales. Esta relación aumentará en la proporción en que se desenvuelve el ser, en que su evolución dará mayor flexibilidad a su estructura mental. Es esto lo que hoy permite la investigación científica de la reencarnación.

De esta manera la Educación Espírita no puede limitarse a la mente de relación, puesto que ella sólo representa un momento del ser. Dewey señaló que la Educación existe en función de la muerte. Si no muriésemos no precisaríamos de este proceso, toda vez que la cultura no sufriría solución de continuidad. Pero la muerte sustituye unas generaciones por otras y cada nueva generación será heredera de la cultura elaborada por la anterior. Recibe esta herencia a través de la Educación y la reelabora según sus nuevas disposiciones, su nueva manera de encarar al mundo. Si Dewey hubiese tenido la visión espírita de René Hubert agregaría que la Educación existe en función de la reencarnación. Vemos, gracias a la reencarnación, que el desenvolvimiento del ser no es continuo, sino discontinuo. En cada existencia terrenal el ser desenvuelve ciertas potencialidades, pero la ley de la inercia lo retiene en una posición determinada por los límites de la cultura en que se desenvolvió.

Con la muerte corporal él regresa al mundo espiritual y tendrá una nueva existencia en este mundo. La muerte rompe su condicionamiento terreno y él podría entonces verificar que los límites a que llegara eran apenas temporales. Fuera del tiempo y del espacio físico sus percepciones se amplían y el ser comprende que su perfectibilidad — su capacidad de alcanzar la perfección — no tiene límites, o por lo menos los límites terrenos. Volviendo a una nueva encarnación el ser podrá reiniciar con más eficacia el desenvolvimiento de su perfectibilidad. Pero si no recibiere en la vida terrenal los estímulos necesarios podrá sentirse nuevamente preso a la condición de la vida anterior en la Tierra, estacionando en una repetición de estadio. Es esto lo que se llama círculo vicioso de la reencarnación. La Educación Espírita tiene por función evitar que el ser vaya a caer en este círculo.

Podremos ahora comprender mejor el concepto interexistencial del hombre. La criatura humana, en esta existencia, no está sujeta apenas  al plano existencial terreno. Ella existe en el aquí y en el ahora, pero trae consigo la mente de profundidad que conecta a la existencia espiritual de la cual proviene. En las horas de vigilia el ser humano vive esta existencia, pero en las horas de sueño su cuerpo espiritual permite y hasta determina su constante relación mediúmnica con los seres existentes en otra dimensión de la realidad. Vivimos entre dos existencias y no sólo en una, como supone la ilusión materialista. No somos apenas lo existente de la concepción existencialista, somos el interexistente de la concepción espírita. El concepto de alienación atribuido a las religiones por los materialistas y pragmáticos es así devuelto a ellos. No será alienado el ser que interexiste, pero sí aquel que apenas existe, que piensa poder vivir únicamente la existencia pasajera de la Tierra.

Pero mientras las religiones hacen de la vida espiritual un misterio envuelto en la magia y el misticismo — lo que al menos en parte da la razón al concepto de alienación del materialismo — el Espiritismo revela que la vida espiritual es natural y no sobrenatural y debe ser encarada con el mismo realismo de la vida terrenal. Las Filosofías Existenciales, en nuestro tiempo, definen la vida como subjetiva y reconocen que su objetivo es la trascendencia. No vivimos orgánicamente, sino de manera psicológica. Vivimos de aspiraciones, de interpretaciones de la realidad, de sueños y muchas veces de ilusiones. Son nuestros pensamientos y sentimientos, nuestras emociones y nuestros deseos los que determinan nuestro comportamiento. Por esto la realidad nos sorprende y nos decepciona. Sabemos que tendremos que morir, pero nuestra intuición interior nos dice que no moriremos. Sin los datos espíritas al respecto de la realidad global de nuestro ser y de nuestra posición en el mundo no sabríamos equilibrar esta contradicción de la mente de relación. En el proceso educativo la Religión debería ejercer la función equilibradora, mientras que no la ejerce en virtud de los contrastes a los cuales se encuentra presa. Su posición contraria a la de la Ciencia establece los conflictos de la educación lega con la educación religiosa. La Educación Espírita, fundada en la Ciencia Espírita, elimina estos conflictos y nos lleva al campo de la Educación Integral. Se habla hoy de Educación Permanente. La Educación Espírita no es sólo permanente, continua, sino sobretodo integral.

La dualidad expresada en los conceptos de objetivo y subjetivo no será conflictiva, sino complementaria. Cada uno de esos conceptos nos da una cara de la realidad total. Es lo que ya vimos en la constitución del hombre, de sus cuerpos y de su estructura mental. Georges  Kerchensteiner ubica este problema en el campo de la cultura y nos señala lo siguiente: toda cultura se divide en dos planos, el objetivo y el subjetivo. La cultura objetiva se concretiza en los planos de las obras y de las realizaciones materiales, constituyendo por así decirlo el cuerpo físico de las civilizaciones. La cultura subjetiva se constituye de las ideas, de los principios, de las aspiraciones de cada civilización. Es su alma, su espíritu en ella encarnado. Ernst Cassirer nos muestra que esta alma impregna la cultura objetiva, de manera que de las obras materiales de una cultura muerta podemos hacer resucitar su espíritu, como aconteció, por ejemplo, en la resurrección de la cultura greco-romana durante el Renacimiento.

Una Educación que no tenga en consideración estas realidades históricas y culturales está condenada a agotar su contenido y morir. La Educación no actúa apenas en el plano individual, sino también en el plano colectivo. La suma de los procesos educativos de cada civilización resultará siempre en una síntesis que tenderá a aplicarse cada vez más intensamente a toda la Humanidad. La Educación Cristiana reveló esta tendencia a la universalización, pero sus esfuerzos fueron obstruidos por la oposición del formalismo religioso de las iglesias cristianas al desenvolvimiento científico. Por esto ella fue superada por la Educación Laica. La Educación Espírita ahora se impone como la síntesis de ese conflicto entre la Religión y la Ciencia. Su capacidad de armonizar los datos de la Religión con los datos Científicos le permite responder plenamente a las exigencias de nuestro tiempo, en el momento exacto en que la pesquisa científica rompe los grilletes del materialismo y supera el agnosticismo kantiano, demostrando que el hombre dispone de condiciones mentales para conocer más allá de los límites de la realidad sensorial.

El sentido trascendente de la Educación Espírita no tiene las implicaciones salvacionistas de las formas de Educación Religiosa del pasado y del presente. El concepto espírita de trascendencia es puramente racional. La proposición de Karl Jaspers sobre las dos formas de trascendencia humana, la horizontal y la vertical, corresponde a la interpretación espírita. El hombre, como un ser cerrado en si mismo, se abre en la transcendencia horizontal a través de la comunicación, proyectándose en el plano social. Su apertura hacia la transcendencia vertical comienza en la superación de la moral cerrada de Bergson, proyectándose en la moral abierta y alcanza su mayor impulso en la búsqueda de Dios, a través de la religión racional, donde fe y razón se conjugan. El problema místico de la salvación personal se sustituye por  el de la evolución colectiva, puesto que la salvación espírita consiste en la espiritualización de todos los seres humanos. El proceso evolutivo del ser, considerado como irreversible, abarca a todos y sustituye el concepto del pecado por el de error, que siempre será corregido en la sucesión natural de las reencarnaciones.

La Educación Espírita restablece y renueva la concepción de la bondad innata del hombre, de Rousseau, como también el de la caída social, colocando el problema de la redención en términos educativos. Será por la Educación, sustenta Kardec, que podremos reformar al hombre y al mundo. La Religión se encara como una forma especial de Educación, aplicada en todos los tiempos en el sentido de arrancar al hombre de la animalidad y conducirlo a la humanización, por el desenvolvimiento progresivo de su perfectibilidad posible, llevándolo a la espiritualidad. Esa posición espírita es hoy respaldada por la tesis de Hubert, según la cual el fin principal de la Educación es implantar en la Tierra una República de los Espíritus, fundamentada en la solidaridad de consciencias. El concepto de Dios no es antropomórfico, sino cósmico. Dios es lo Absoluto y solo lo podemos comprender en la forma supuesta de una Inteligencia Suprema que creó, sustenta y dirige al Universo, siendo al mismo tiempo inmanente, por la manifestación de su inteligencia en todas las cosas, y trascendente, por la superación del mundo relativo en que evolucionan las cosas y los seres. La reencarnación es una ley natural y universal, un aspecto de la ley general de la palingenesis, puesto que todo se renueva constantemente en todo el Universo, en el proceso de generación y corrupción ya previsto por Aristóteles.

Enseñanza, proceso de información e instrucción, y Educación, proceso de formación moral y espiritual, constituyen las coordenadas de la Doctrina Espírita y señalizan la práctica doctrinaria en todos sus aspectos. Bastaría esto para demostrar que el Espiritismo ocupa, en el mismo campo del Conocimiento, una posición de síntesis. Sus aspectos fundamentales de Ciencia, Filosofía y Religión se encuentran y se funden en el delta de la Pedagogía, para lo cual confluyen todas las aguas de la Cultura. Examinemos mejor esta cuestión. En el campo del conocimiento la Ciencia nace de la práctica, del hacer del hombre en el mundo; la Filosofía brota de la razón, del pensar del hombre sobre el mundo; la Religión surge de la afectividad, del sentir del hombre en su vivir en el mundo. Estas tres provincias del Conocimiento forman la unidad del conocer y por esto no pueden estar en conflicto, puesto que sus controversias quiebran la unidad del Espíritu, confunden la Cultura y  tornan conflictiva la Civilización. Consecuencia inevitable será el conflicto en el campo educativo. La unidad conceptual y estructural del Espiritismo devuelve la unidad del conocer al hombre y restablece la armonía en el campo de la Educación.

Esta era la misión del Cristianismo. Pero el mismo Cristo nos advirtió que ella sólo podría ser realizada en el tiempo, en la proporción en que la evolución espiritual del hombre lo llevase a las condiciones necesarias. De ahí su promesa de enviarnos al Espíritu de la Verdad, que nos conduciría a toda la Verdad, permitiéndonos la comprensión total de su enseñanza. La expresión Espíritu de la Verdad es simbólica. Representa en el Evangelio aquello que John Murphy, en su obra Origines e Historia de las Religiones, llama Espíritu de Civilización. Kardec, en el primer capítulo de La Génesis, explica el por qué el Espiritismo sólo pudo haber surgido a mediados del siglo pasado, cuando el desenvolvimiento científico y filosófico, la rebeldía del estancamiento teológico, permitió al hombre encarar los fenómenos espíritas como hechos naturales, susceptibles de análisis y explicación racional.

Cabe al Espiritismo completar la misión del Cristianismo. Cabe a la Educación Espírita devolver al Espíritu su unidad. La Ciencia, estremecida por su capacidad de investigación y producción, por el descubrimiento de la Técnica, se creyó capaz de esa tarea. Antes de ella el Catolicismo creó la unidad religiosa de la Edad Media, que jamás se completó y costó el elevadísimo precio del fanatismo y de la crueldad. Augusto Compte supuso que la aparente unidad medieval podría ser restablecida a través de la Ciencia, después del Renacimiento, y lanzándose a la aventura del Positivismo. Su intuición filosófica, nacida de aquel instinto espiritual al cual se refirió Kardec, y que está vigilante en nuestro inconsciente, lo llevó finalmente a la comprensión de la necesidad de una religión racional y a fundar la Religión de la Humanidad, que sería la Heredera del Catolicismo en el mundo moderno. La exigencia de la unión de la fe con la razón fue una constante del espíritu francés, como vemos por el episodio de la Religión de la Razón en la Revolución Francesa. Pero esa exigencia sólo podría ser atendida más tarde, a través de Kardec, con la Religión Espírita.

Vemos así que las connotaciones históricas y culturales justifican plenamente el desenvolvimiento natural de la Educación Espírita en la actualidad. Esta Educación, a su vez, exige la elaboración de las formas orientadoras de la Pedagogía Espírita. Es sintomático el hecho de  venirnos también de Francia el primer gran intento en este sentido, como el Tratado de Pedagogía General de René Hubert. Este tratado nos muestra que Hubert era espírita por intuición, en virtud del instinto espiritual que traía en su inconsciente. Su afirmación de que el espíritu es la ley del ser en la existencia y toda su posición en el trato de los problemas educativos lo coloca en una perfecta relación con el pensamiento espírita. Faltó a su obra el esclarecimiento del problema de la reencarnación y sus profundas implicaciones educativas y pedagógicas. Pero aunque no lo aborde de manera directa, Hubert lo aflora, como lo hizo también Kerchensteiner, el gran pedagogo alemán quien fuera, por así decirlo, el parcero europeo de Dewey en la reforma educativa de nuestro tiempo.

Según Kerchensteiner, la Educación es un acto inmanente y necesario de toda sociedad humana y no busca un objetivo natural que el hombre aislado pudiese alcanzar por si mismo, puesto que el ser espiritual no es un animal llevado a cierto grado de perfección, sino una síntesis original y única de los valores culturales, puesto que cada hombre organiza estos valores en su consciencia a su modo y conforme a su individualidad. Y concluye: La Pedagogía es una rama especial de las Ciencias del Espíritu y se funda en el concepto de cultura.

Esta interpretación sociológica de la Educación sobrepasa los límites estrechos de la Sociología actual al definir al hombre como ser espiritual. Por otro lado, la organización de los valores culturales en la consciencia, obedeciendo a un principio de individualización, requiere condiciones evolutivas que solamente el principio de la reencarnación podría explicar. Los medios culturales europeos — y esto fue anotado por Hubert en su tratado — no podrían aceptar la cuestión de las vidas sucesivas de manera pacífica. Kerchensteiner en Alemania y Hubert en Francia no podrían profundizar el problema del ser espiritual en términos pedagógicos. Pero el tiempo avanzó y surgieron entre nosotros las escuelas espíritas, dando nacimiento a la Educación Espírita como un acto inmanente y necesario de nuestra sociedad espírita. Ahora no hay apenas condiciones favorables, pero la exigencia imperativa de la elaboración de una Pedagogía adecuada al desenvolvimiento de esta nueva forma de Educación.

La Revista Educación Espírita procuró crear condiciones, desde 1970, para que pudiese surgir entre nosotros la respuesta necesaria al desafío de las escuelas espíritas. Por cuatro años circuló la revista y ni siquiera se esbozó la posibilidad de esa propuesta. Nos sentimos obligados a  esbozarla en este compendio, con la esperanza de estimular especialistas espíritas mejor dotados a contribuir con sus luces y sus experiencias hacia la orientación pedagógica de la Educación Espírita en nuestro medio. Además con la esperanza de ofrecer a las escuelas espíritas, de todos los grados de enseñanza, algunas sugerencias que pudiesen auxiliarlas en el desenvolvimiento de sus trabajos. El desconocimiento y la incomprensión del asunto son aún tan espantosos entre nosotros que nos animan en este audaz intento.

                                                                                                                                                                                                

From: Mari

jueves, 8 de marzo de 2012

HEREDITARIEDAD y DOLENCIA

1 ¿Existe una programación biológica en relación a las enfermedades? 


¿El individuo nacería marcado para enfrentar determinado mal, como una bomba de reloj a detonarse en una época aplazada? 

El Proyecto Genoma, llevado a efecto por un equipo de genéticos de varios países, viene identificando genes asociados a innumerables enfermedades. El Espíritu puede renacer con predisposición genética para determinado mal. 

2 - ¿No tendríamos ahí un problema de hereditariedad, sobreponiéndose la supuesta programación kármica? 

La fatalidad hereditaria funciona en la composición del color de los cabellos, de la piel, de los ojos, de la estructura física, de la morfología. Sobre lo concerniente a la salud, inteligencia, vitalidad, el reencarnante tenderá a aprovechar los elementos genéticos compatibles con sus necesidades y compromisos. 

3 Digamos que alguien, por sus compromisos pasados, reencarna con el gene de una grave enfermedad. ¿Ella se manifestará inexorablemente? 

Depende. Si el mero reflejo de desatinos del pasado, podrá, con la práctica del bien y la reforma íntima, modificar el cuadro de sus pruebas, evitando el mal o convirtiéndolo menos grave. 

4 - ¿Existe otra posibilidad? 

Si el propio Espíritu lo planeó, al reencarnar, como experiencia que cree necesaria para redimirse de faltas pasadas, el problema surgirá en el tiempo previsto, inexorablemente. 

5 ¿Eso explica por qué personas virtuosas y evangelizadas, no obstante, pasan por situaciones difíciles? 

Si, y ellas mismas las desearán, por entender que serían experiencias redentoras. 

6 En ese caso, ¿de nada le valdrá el esfuerzo en el Bien? 

En el arar del destino, nunca se pierde la buena siembra. Su empeño de renovación y su trabajo en el campo de la solidaridad humana le valdrán la protección mayor de la Espiritualidad, abreviando y suavizando sus padecimientos. 

7 - ¿Cómo distinguir el problema kármico de algo que fue programado por la propia persona? 

Por el comportamiento. Generalmente la persona que enfrenta una situación programada actúa de forma positiva. Es más dócil y tranquila. Ya que aquel que enfrenta males que le fueron impuestos, no es raro que se debata, no acepte, se subleve. 

8 ¿Sufre más?

Sin duda. El mayor dolor nace de la inconformidad y de la rebeldía. Cuando aceptamos los desafíos de la Vida, conservando la serenidad y la confianza en Dios, procurando hacer lo mejor, todo es más fácil. 

Salud 

REENCARNACIÓN TODO LO QUE USTED NECESITA SABER
Richard Simonetti


miércoles, 29 de febrero de 2012

LAS GUERRAS Y NOSOTROS

 ¿Quién no se aturde al oír hablar de guerra? Es una tragedia de la Humanidad. Las guerras representan exprimir esa infección interna que el alma carga en sí. Todas las veces que no estamos en paz con nosotros, nuestra tendencia es derramar ese producto de nuestra intimidad en el ambiente en que estamos y sobre las personas que nos rodean. Ahí tenemos simientes de guerras. Lo que nos aterra en las guerras es la impiedad, la crueldad, la masacre, las explosiones, el bombardeo, la poca posibilidad de defensa que las personas tienen. Parece que hay una obligatoriedad en matar, en destruir. Construcciones que el tiempo tardó en hacer, que los hombres tardaron en levantar, se desmoronan en un solo bombardeo. Quedamos a pensar de donde viene esa fuerza demoníaca, patética que, de repente, toma cuenta de la criatura humana como si fuese una irrupción. 

Todo eso proviene de las entrañas de la propia criatura humana. Si. El mundo físico no hace guerras. Encontramos los volcanes, los terremotos, los maremotos, todo eso corresponde a los procesos de reajuste planetario para nuestro bien, para el equilibrio determinado por las Leyes de Dios. Pero, guerra, jamás. Las primaveras se repiten a cada año, como los veranos, los otoños y los inviernos. Los arboles florecen, los pájaros pian, cantan, vuelan, corren, se reproducen. Todo normalmente. Entre nosotros, criaturas humanas, parece que hay una sed de sangre para nada, por el placer mórbido de dominar, por el placer mórbido de determinar, de tener en las manos, de destruir. Naturalmente, pensamos en cómo el mundo aun tiene que evolucionar, que crecer, para librarse de la guerra, para librarse de la tormenta guerrera, belicosa. Pero no es propiamente el mundo que se tiene que modificar, es el ser humano relativamente a su mundo interno. Las malquerencias, violencias, las agresiones verbales y físicas representan esa explosión de la criatura humana, el temperamento rebelde, el grito de cólera. Todo eso son simientes de guerras. Es por causa de esas simientes de guerras que encontramos las guerras grandes, de grandes proporciones, las guerras agigantadas de los campos de batalla, de las naciones entre sí, de las múltiples potencias. Todo eso que vemos en tamaño grande ha comenzado en el campo de batalla interno de cada uno de nosotros.

Imaginemos lo que significa estar de mal con alguien. Maquinamos todo el tiempo la mejor forma de agredir, de atacar, de herir ese alguien. No nos importa si calumniamos, si mentimos. Nuestro objetivo, en aquel momento infeliz, es el de destruir a la persona. Entonces, ¿Cuál es la diferencia de un ejército que lanza bombas sobre otro, que tira con ráfagas de ametralladora a los otros? La diferencia es que hay un momento en que esas cosas parten de nosotros físicamente y hay otros momentos en que esas cosas son psíquicas, son mentales. Los torpedos mentales que enviamos, perjudicando a tantas personas. Vale la pena pensar en la destrucción hecha por las guerras y en nuestra condición delante de todo eso.

* * *

Cuando pensamos en esa cuestión de las guerras con la criatura humana, recordamos de que un día escribió Sigmun Freud, el padre del psicoanálisis, que todos somos dotados de una dualidad de impulsos internos, que él lo llamó de pulso. Cargamos un instinto de vida y un instinto de muerte. Freud llamó al instinto de vida de Eros, instinto de Eros, fuerza de Eros o impulso de Eros. Eros significa todo aquello que es un favor de la vida, que conspira en pro de la vida, de la alegría, de la salud, del trabajo, de la ética, del buen tono, de la amistad. Y el impulso de muerte, uno de sus discípulos austriacos llamó de impulso de Tánatos. Tánatos, muerte en el idioma griego. Entonces, el impulso de muerte no es propiamente de la muerte biológica, es de esa muerte moral, esa muerte idealista, esa muerte que representa todo lo que es negativo para la vida. Todo lo que conspira contra la vida es parte, según Freud, de ese instinto o impulso de muerte o de Tánatos. De ese modo, cuando optamos por la vida, por la salud, por el equilibrio, por la paz, estamos trabajando dentro del impulso de Eros.

Todo cuanto hace bien a la vida, todo cuanto se dirige a la vida, todo lo que enaltece, que la sublima, es parte de Eros. Pero, cuando ocasionamos internamente y nos dejamos arrastrar por la cólera, por la mentira, por el odio, por la envidia, por el impudor, estamos en territorio abierto de la muerte, de Tánatos. Y es en ese territorio abierto que acostumbramos a provocar las guerras. Es muy común que, en el mundo, no estemos acostumbrados a vivir en paz unos con los otros. Sea por envidia que nos hace provocar al vecino, sea por el orgullo, cuando deseamos ser el centro del Universo, el centro de las cosas, cuando tenemos la impresión de que somos la última coca-cola del desierto. En esa hora en que nos damos esa supra-importancia, ciertamente estamos haciendo guerra. Las guerras mentales, esos combates que hacemos mente a mente. Odiamos a las persona sonriendo para ellas, hacemos cuenta de que somos amigos de personas que odiamos, que detestamos: en el empleo, en la calle, en la familia. Son nuestras guerras internas que, antes que exploten del lado de afuera y provocar las tragedias que bien conocemos, implosiona nuestra realidad íntima, estallan dentro de nosotros. Enfermamos físicamente porque, antes, ya estamos enfermos espiritualmente. Es por eso que las guerras son formadas por los componentes que les dan las personas.

No solamente los gobernantes contribuyen para las guerras, no solamente los líderes de Estado contribuyen para ella, más cada ciudadano, cada persona, cada individuo que no vive su vigilancia ética, moral, espiritual. Cada uno de nosotros que se da el derecho de avanzar sobre las cosas de los otros, sobre el derecho de los otros, sobre la vida ajena. Somos, de cierta manera horticultores de la guerra pero, ni de lejos, eso pasa por la mentalidad de la masa. Estamos siempre imaginando que somos víctimas de las guerras y de los guerreros, de los beligerantes, de los violentos y no nos damos cuenta de que nos asociamos a ellos, de que alimentamos esas fuentes de violencia con nuestro impulso de Tánatos, nuestro impulso de muerte. Percibimos, poco a poco que, en ese momento ciclópeo del mundo, en esa hora densa de la Humanidad, tenemos necesidad de rever nuestros papeles en la sociedad. ¿Qué hemos ofrecido al mundo para que sea mejor, más digno, más rutilante? ¿Qué hemos ofrecido a la vida para que sea más digna de ser vivida, para que tenga más sabor, para que tenga fulgor? ¿Y esa familia donde nosotros estamos, que hemos hecho por ella?¿Y nuestra familia, aquella que formamos, aquella que construimos, que hemos hecho por ella? Las guerras son el corolario, son la agrupación de nuestras propias realizaciones. Vale la pena buscar la paz a través del pensamiento superior, de la oración, de la vivencia positiva en el bien, del socorro a nuestro semejante, hasta el día en que nuestro reloj cardíaco pare y viajemos de aquí para el Reino de la paz.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 157, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 06.09.2009.

Traducido por Jacob. 

Enviado por: "Mari" akardec@akardec.com 

lunes, 27 de febrero de 2012

EXPERIENCIA DE CASI MUERTE

1¿Qué es la experiencia de casi muerte?

La llamada ECM envuelve pacientes que sufrieron una parada cardíaca, configurando el óbito. Atendidos prontamente por un equipo médico, con la utilización de recursos como adrenalina intracardíaca, descarga eléctrica y respiración artificial, el corazón puede volver a funcionar, si el estrago no fue grande. También es importante la cuestión del tiempo. Es preciso que ese procedimiento tenga inicio en un máximo de cuatro minutos después del fallecimiento. A partir de ese límite, las células cerebrales comienzan a morir, sin posibilidad de reversión.

2¿El paciente recuerda algo, al ser resucitado y despertar?

Es exactamente en torno a ese tiempo crucial que se desarrollan las investigaciones sobre el asunto. En el best-seller Vida después de la Vida, el médico americano Raymond A. Moody reporta las entrevistas que hizo con decenas de pacientes que pasaron por la muerte clínica y volvieron a la vida, cogiendo informaciones sobre lo que ocurrió con ellos mientras estaban muertos.

3¿Todos se acuerdan?

No todos. También hay quienes prefieren no hablar del tema por temor a que los propios familiares piensen que poseen disturbios mentales. Pero los que se acuerdan y hablan sin temores, se refieren a una experiencia inolvidable, en que se sentían vivos, aunque el cuerpo estuviese muerto.

4¿Todos tienen los mismos recuerdos?

Dice el doctor Moody: "A pesar de la notable semejanza entre varios relatos, no hay dos de ellos exactamente iguales." Hay puntos en común, como el viaje por un túnel, ampliación de los sentidos, contacto con un ser iluminado, la información de que aún no llegó la hora de su retorno a la vida espiritual y, sobre todo, la sensación de fluctuar por encima del cuerpo físico, observando, normalmente, los esfuerzos de los médicos por resucitarlos.

5¿Cuál es el punto de vista de la comunidad médica?

Como siempre, entre la confrontación del materialismo y espiritualismo, la comunidad médica tiende hacia el primero. No se involucra con investigaciones sobre el asunto, negando, a priori, la posibilidad de una experiencia extra-corpórea. Se limitan, sus representantes, a conjeturas sobre la posibilidad de que las células cerebrales puedan sustentar la conciencia en los minutos en que el paciente está muerto, aunque exámenes con electroencefalograma demuestren no haber actividad en ellas.

6¿Y el Espiritismo?

Ya en la codificación de la Doctrina Espírita, en el siglo XIX, anterior a los avances de la Medicina que favorecen la resurrección, los Espíritus traían informaciones de lo que ocurre en el momento de la muerte, exactamente como describen los que pasan por la ECM.

7 ¿Cuál es la relación existente entre la ECM y la problemática del suicidio?

El Dr. Raymond entrevistó a pacientes que intentaron el suicidio y pasaron por una ECM. Experimentaron las emociones y pavores descritos por los Espíritus de suicidas, como una visión previa de lo que les esperaba. Una experiencia tan dramática que, difícilmente, volverán a pensar en huir de sus problemas.

8 ¿La ECM sería una solución para la problemática del suicidio?

Para aquellos que pasan por la experiencia, sin duda. Sin embargo, sería más razonable buscar el esclarecimiento al respecto del asunto, ya que no hay como forzar una situación de esa naturaleza y no siempre es posible traer de retorno a la vida física a los que deliberadamente atentan contra ella.

SUICIDIO

TODO lo que usted necesita saber... para no cometer este terrible error

Richard Simonetti


Enviado por: "Mari" akardec@akardec.com   mari_luzespiritual

 



miércoles, 22 de febrero de 2012

LAS LEYES DE LA VIDA

 Todos tenemos necesidad de reflexionar con amplitud al respecto de nuestra vida en el mundo, porque absolutamente nosotros somos todos iguales. En el plano de Dios somos todos iguales. No existe una única criatura que sea superior a la otra. Como hijos de Dios, no. Dios no creó hijos escalonados: Este es del primer grupo, este es del segundo, este es de la raza inferior, este es de la raza superior. Dios creó a Sus hijos simples e ignorantes, todos partiendo del mismo punto para alcanzar la plenitud de sí mismo. De ahí, comenzamos a pensar en esa especialidad en que mucha gente se coloca. Hay muchas personas que se imaginan más especiales que otras. Impostan para hablar, se imaginan mas amadas, más queridas por Dios, se visten de manera especial por causa de eso, adoptan nombres clave particulares por causa de eso. Porque ellas se sienten especiales. Eso corresponde a un proceso psicológico de la Humanidad, del ser humano, que podremos llamar de carencia afectiva o complejo de inferioridad: Yo necesito gustar más de lo que es el otro. Yo necesito sentirme más amado de lo que es el otro. Yo necesito que alguien me preste más atención a mí.

Vemos, diariamente, por las calles de nuestras ciudades, hombres y muchachos, chicas y mujeres que envenenan sus motores de motos y de coches, para hacer todo el barullo del mundo para llamar la atención. Pasan a nuestro lado con los sonidos del coche a máximo volumen, trepidando, para llamar la atención. Criaturas que se llenan de piergings, de tatuajes, que se pintan de las formas más aberrantes. No puede ser por estética, es para llamar la atención. Empezamos a ver que hay necesidad casi enferma de ser especial. Pero, en el plano de Dios, todos somos igualmente especiales. Eso porque Dios creo Leyes. Esas Leyes de Dios, que también llamamos de Leyes Divinas regulan todo lo que pasa en el Universo. Es por eso que, gustando o no, queriendo o no, tenemos que recibir en la Tierra el invierno, el otoño, la primavera, el verano.

Tenemos que vivir las noches, por más que tengamos miedo de la oscuridad y los días, por más que el sol nos afecte la epidermis. Todas las Leyes de Dios fueron hechas para todos Sus hijos. Entonces, vivimos en un mundo sometido a Leyes y, si estamos en un mundo y en un Universo sometidos a Leyes, no hay criterio de especialidad en el plan de Dios. Hay Leyes que sirven para esos hijos, hay Leyes que sirven para aquellos hijos. Lo que ocurre en el plano de la Divinidad, por lo que aprendemos de los Guías del mundo, es que son las mismas Leyes de Dios que se adaptan a los niveles en que se encuentran los hijos de Dios, de la misma manera que las leyes humanas no se aplican del mismo modo a los niños, a los indígenas, a los enfermos mentales, por su condición de aquel momento, de aquel periodo. Entonces en el mundo, en los mundos, las Leyes Divinas son las mismas, ajustadas al aprendizaje.

El hecho de que vivamos bajo las Leyes de Dios garantiza que hay justicia. Cuando Jesús Cristo nos enseño: A cada uno será dado conforme sus obras, ahí está una demostración de la Ley de Justicia. A cada uno será dado conforme sus obras. No nos adelantará decir, como mucha gente dice: Yo estoy mejor de lo que merezco. No es verdad porque si alguien estuviera mejor de lo que merece, razón tendrá otro de decir que esta peor de lo que merece, porque si hay que mantener el equilibrio universal de las energías. Si alguien recibe más de lo que el merece, ese algo de mas fue sacado de alguien. De modo que vivimos en un mundo, exactamente como merecemos, porque a cada uno es dado conforme a sus obras. Fue Jesús Cristo que nos enseño esto. De manera que vale la pena irnos acostumbrando a esa idea de que no somos especiales en relación a nuestros hermanos. Todos somos especiales en el plan de Dios, por que El nos ama.

* * *

Es el amor de Dios que nos permite experimentar en el mundo todas esas delicias que el mundo nos proporciona y sufrir en el mundo todas las dificultadas que él nos impone. Es porque hay Leyes. No existe una única criatura que no esté sometida al sol y a la lluvia, a los vientos, a los rayos cósmicos, a los rayos solares. No existe una única criatura. Cuando pensamos en ese Universo de Leyes, en esas Leyes perfectas del Creador, que es perfecto, tenemos que convenir que necesitamos ajustarnos a esa comprensión de que somos gobernador por Leyes. Cuando pensamos en eso, pensamos también en la vulnerabilidad a que estamos sujetos aquí en la Tierra, principalmente en nivel biológico, o nuestro cuerpo físico. Nacemos todos niños, nuestra tendencia es crecer. Pero en la medida en que el tiempo pasa, nuestro cuerpo va siendo sometido a las leyes biológicas. Vamos envejeciendo. Si no desencarnamos en niños, todo tendremos que presentarnos a la adolescencia, atravesar los caminos difíciles de la adolescencia, las luchas internas, los ajustes psicológicos, los arreglos orgánicos, hormonales. Todos pasamos por esto: es una fatalidad biológica. De allí a poco crecemos. Unos engordan, cuando eran delgados en la juventud, otros adelgazan, cuando eran gorditos en la juventud. Son las leyes de la biología, de la genética, fatales.

Pero hay aquellas que no se conforman con la vejez del cuerpo. Por más bellos, por más bellas que hayan sido las personas, llega el día, una vez que el tiempo es inexorable, que vamos teniendo la piel deshidratada, nos van apareciendo las arrugas, las patas de gallo y allá estamos envejeciendo. No adelanta apelar solamente para cirugías plásticas, porque ellas nos estiran la piel, el rostro, el cuerpo, pero no arreglan las articulaciones y comenzamos a arrastrar las articulaciones. La voz se nos altera, el raciocinio se nos altera; es una imposición biológica. Llegamos a un punto que ya no podemos comer a partir de cierto horario. Un caldito, una sopita, en el inicio de la tarde. Cuando somos jóvenes, comemos de todo a cualquier hora, comemos cualquier cosa. En la medida en que la maquina orgánica va envejeciendo, tenemos que tener cuidado. No podemos comer cualquier cosa, porque hay problemas de vesícula, hay problemas de riñones, hay problemas de estomago, hay problemas de todo orden, la maquinaria está comprometida por la edad.

Las leyes: quien no desencarna antes, envejecerá. ¿Y las enfermedades? Todos estamos sometidos en la Tierra a esa posibilidad de enfermar. Estamos sujetos a los virus, a las bacterias, a los bacilos, a los gérmenes de todos los tipos. Y ahí contraemos, desde resfriados, de gripes a canceres, tuberculosis, sífilis, pénfigo. Son Leyes. Nuestro cuerpo es vulnerable, porque en el Tierra, todo está sujeto a esto. Las plantas quedan enfermas, los animales quedan enfermos, los minerales quedan enfermos y, naturalmente, en esos reinos anteriores a la Humanidad, a esas dolencias del reino mineral, decimos que se transforman los minerales. Donde hoy encontramos la montaña de barro rojo, era una montaña de hierro, de mineral de hierro, que los milenios transformaron en barro. Es el hierro que murió, el hierro que enfermo y que se transformó. Las montañas de sílice se convirtieron en arena, en arenales. El envejecimiento de la sílice, del silicio. Vamos viendo que todo en la naturaleza es así. La planta minúscula se convirtió en árbol frondoso. Estamos todos sometidos a las Leyes. Pero todas las Leyes que rigen nuestra vida en la Tierra, hay una que es especial, la Ley del Amor. Si nos dejamos dirigir por la Ley del Amor, las luchas del cuerpo, de la salud, de la vida social, todas serán un nada, porque el amor es lo que nos unirá. No fue por otra razón que dijo Jesús Cristo: En eso reconocerán que sois Mis discípulos, si os amáis unos a otros: las Leyes de Dios en nuestras vidas.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 170, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 30.08.2009. Disponível no DVD Vida e Valores, v. 5, ed. Fep. Em 05.01.2010.

Traducido por Jacob y enviado por: "Mari" akardec@akardec.com   mari_luzespiritual

martes, 21 de febrero de 2012

EVOLUCION MORAL

Nuestra evolución moral es muy importante, poner todos nuestros esfuerzos para que podamos mejorar en el ámbito moral, pues el hecho de que seamos moralmente mejores es un trabajo que depende de nosotros, de nuestro día a día, y para poderlo conseguir, para hacer que fructifique dentro de nosotros esa moral mas elevada, tenemos que tener varias herramientas a nuestro servicio, esforzarnos para tener esas herramientas, y el Padre que es todo a amor, siempre nos ofrece todo lo que necesitamos.

Una de las herramientas que necesitamos para que moralmente avancemos, es la herramienta de la oración, es cierto que al ser una herramienta tan sencilla de utilizar, cuesta colocarla en nuestro día a día, porque algunos no creen en ella, sólo creen que son nada más que palabras y no sirven de nada, otros no la utilizan lo suficiente, y otros aparentemente la utilizan mucho, pero en el fondo de su corazón no dicen nada, entre tanto, los que realmente la valoran, son estos últimos que ya tienen una herramienta muy valiosa.

La oración nos da orientación, nos ofrece fortaleza, y nos aporta confianza para soportar todos los embates de la vida, mas con la oración siempre saldremos victoriosos de todos los problemas.

Otra herramienta muy necesaria es el estudio, es el saber, el conocimiento de las cosas, y a través de la doctrina espirita, se sabe todo lo necesario, y cuando se conoce o al menos se entiende lo más básico, entonces comprendemos que el Creador es nuestro propio destino y sin Él no somos nada, aunque Jesús ya lo dijo claramente con la oración mejor orientada hasta el momento, el Padre nuestro, pues esta sencilla oración dice mucho y nos puede ayudar mucho.

Por lo tanto, con la herramienta de la oración, y con la herramienta del conocimiento, este último estaría en el evangelio de Jesús, podemos evolucionar moralmente, más entendiendo todo esto y sabiendo cómo nuestro hermano Jesús se enfrentó en aquel tiempo y expuso que Dios es todo amor, con todo esto, nosotros tenemos todo lo necesario para aprender, para mejorar, no podemos excusarnos en absoluto, pues todo lo que necesitamos para mejorar, todo, lo tenemos.
Querer a nuestros hermanos como a nosotros mismos, ya es un comienzo para ser mejores, pues si hacemos a los demás, lo que nos gustaría que nos hicieran, sin duda, ya es un avance notable, y Jesús nos orientó mucho en eso. Así pues disponemos de todo para avanzar, para ser mejores, no podemos decir que Dios no nos ayuda, pues nos ayuda constantemente, seamos creyentes o ateos, creamos en el dios vengativo, o en el Dios de amor, sea lo que sea, Él siempre nos ayuda, entonces, no podemos excusarnos más en todo, cuando decimos que no sabemos nada, eso ya no se puede decir, porque quien busca encuentra, quien busca a Jesús siempre lo va a encontrar.

Sin duda, hay muchas religiones, y todas ellas pueden ser muy buenas para nosotros, no en tanto, Jesús nos lo aclaró mejor y con mayor sencillez, pues simplemente, siendo buenos, simplemente, teniendo presente de que Dios es todo amor, y que Jesús nos dejó claramente, "Quered a Dios por encima de todo y a nuestros hermanos como a nosotros mismos" sin más tenemos todo para ser mejores, y podemos empezar por esto.

Ya no podemos esquivar esta gran verdad, es sólo perder el tiempo, es sólo que cuando volvamos a casa, a nuestro mundo espiritual, nos daremos cuenta del tiempo que hemos perdido, y ese tiempo no podemos perderlo más, no dejemos que llegue ese momento donde nos daremos cuenta de esta realidad, pero ya será tarde, actuemos ahora, esforcémonos por ser mejores, hagamos todo lo posible para ser buenos, da igual la religión que escojamos, las doctrinas que sigamos, lo importante es esforzarse por mejorar, por ser mejores, porque si actuamos así, entonces no habremos perdido el tiempo sin hacer nada bueno, habremos sembrado el bien y habremos comprendido al Dios que es todo amor, al Padre que nunca se cansa de ayudarnos a mejorar.

Espíritu Rafael